En esta ocasión se escribió una historia a partir de la letra de una canción, en mi caso tomé "Lucy in the sky with diamonds" de The Beatles. Al final de la historia colocaré la letra de la canción.
LUCY EN EL CIELO CON BRILLANTES
En lo que podría ser un universo paralelo, con la presencia de un sistema planetario que gira alrededor de una estrella semejante a nuestro sol; en el tercer planeta, contado a partir de dicha estrella, existe vida.
Hay seres vivos parecidos a nosotros, a nuestros animales y a nuestras plantas, aunque debemos decir que ¡no como te los estás imaginando!, más bien son unas extrañas combinaciones de todo aquello que conoces, serían seres como solo podría visualizarlos alguien que se encuentre bajo los efectos de un poderoso narcótico o alguna substancia alucinógena.
Un recorrido por algunos parajes de este planeta te mostrarían un arcoíris de innumerables colores en cada rincón visible. Hacia todo espacio que vieras, la profusión y luminosidad de brillantes colores te haría pensar que, quien quiera que haya creado ese mundo debió tener una enorme paleta con colores desconocidos hasta para Leonardo Da Vinci y, en un arranque de locura y creatividad decidió usarlos todos en todas partes.
Montañas grandes, medianas y pequeñas haciendo gala de diferentes tonos de morado y azul para contrastar contra un cielo de un purísimo color blanco con nubes anaranjadas que parecen chorrearse como una mermelada de durazno sobre un helado de vainilla.
Ríos y cascadas que flotan en el aire y que, por no saberse la letra de ninguna, murmuran canciones, mientras mueven a su paso botes hechos de azúcar y sal que llevan como ocupantes a delfines dorados con crestas de pavos reales.
Gigantescas flores de papel celofán en amarillo y verde que parecen crecer hasta el cielo, brillan continuamente al reflejar la brillante luz ultravioleta de la estrella que todo lo alumbra.
Mariposas de mil formas con escarcha, sin escarcha, con lentejuelas o sin ellas, con plumas o desplumadas, con sombreros y pelucas, brincan con las enormes patas en forma de resorte que tienen.
En una ciudad tan multicolor y plana que parece el dibujo de una niña de cinco años, vemos personajes estrafalarios y llamativos. De entre la gente en forma de caballos de madera, porteros de plastilina y taxis de papel periódico, aparece una niña cuyos ojos brillan como dos grandes diamantes.
Lucy, que es el nombre de la niña, tiene un hermoso cabello largo con bucles color miel, piel rosada y parece flotar y bailar por sobre las cabezas de los demás. Va vestida como una joven gitana; descalza, blusa blanca, collar de cuentas de colores y la larga falda de flores hace movimientos de olas en el aire al compás del baile que, suavemente, sigue Lucy de los murmullos del río.
Lucy baila, gira y se mueve sin un aparente destino. No parece tener apuro, ni ocupación, ni obligaciones, solo estar presente, bailar y deambular.
De la nada, como todo en este extraño mundo, aparece un bonito puente que conduce hasta una fuente de la que, entre nubes de humo del color del azufre, sale un joven alto, cabellos lisos hasta los hombros, larga nariz sobre la que lleva lentes pequeños y redondos de cristales rosados y en su mano derecha carga una costosa guitarra eléctrica.
Al instante, Lucy se le acerca y le pregunta el nombre y, sin más palabras de por medio, le toma la mano libre y lo hace bailar con ella. De la guitarra de John, que es como se llama el recién llegado, comienza a surgir una alegre música que suena a algo parecido como:”ob la di ob la da”…y, al ritmo de ésta pegajosa melodía Lucy, la de los ojos como diamantes y John, el de lentecitos redondos de cristales rosados, van bailando y saltando, recorriendo caminos de pastillas de chocolates de colores, nadando en ríos de sabrosa limonada fosforescente, brincando sobre redondas piedras de cristal tornasolado, sumergiéndose en olas de algodón de azúcar, dando vueltas en remolinos de crema batida que los lanzan en trampolines de gelatina de uvas.
Así, bailando y cantando, Lucy y John pasan un tiempo que nadie mide, atraviesan espacios sin volumen y recorren caminos nunca pisados en un mundo imaginario. Comen mandarinas púrpura que, como grandes zarcillos, cuelgan de todos los árboles; pasteles de malvavisco que nacen de extrañas matas de cactus sin espinas; papas fritas que crecen como grama y hamburguesas que les ofrece la brisa.
Lucy le cuenta a John de su mundo, de ese en el que nada es importante y todo es…como tiene que ser. Nadie desea nada porque todo lo tiene; nadie sabe lo que es ser bueno porque nadie es malo; nadie se cree diferente porque todos lo son; nadie se piensa mejor porque nadie es peor…y, entre tanta incomprensión para John, llega un temblor. Una estación de tren en la que un portero de plastilina luce con orgullo una corbata de vidrio, se materializa frente a sus ojos. En el preciso instante en que la estrella cambia del blanco al negro, como si una mano le hubiera dado vuelta a una moneda, y la penumbra lo arropa todo, el portero grita a todo pulmón: “se va el tren del que no debió venir”.
Lucy empuja a John dentro del tren y John, quien no ve nada más allá de su larga nariz, oye la voz de Lucy que, como en un sueño, le dice: “recuerda escribirme una canción”.
Carla Trujillo
Picture yourself in a boat on a river
with tangerine trees and marmelade skies
somebody calls you, you answer quite slowly,
a girl with kaleidoscope eyes
cellophane flowers of yellow and green,
towering over your head
look for the girl with the sun in her eyes,
and she's gone
lucy in the sky with diamonds
follow her down to a bridge by a fountain
where rocking horse people eat marshmallow pies,
everyone smiles as you drift past the flowers
that grow so incredibly high.
newspaper taxis appear on the shore
waiting to take you away
climb in the back with your head in the clouds
and you're gone
Lucy in the sky with diamonds
picture yourself on a train in a station
with plasticine porters with looking glass ties
suddenly someone is there at the turnstile
the girl with the kaleidoscope eyes
lucy in the sky with diamonds...


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